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- Hugo Chávez y su lógica política


Puede resultar extraña la lógica del actuar político del Presidente Chávez, por su lado innecesariamente conflictual. De hecho, analizando su forma de hablar y referirse a otros actores políticos nacionales o internacionales, o lo que parece una constante provocación a la persona del Presidente Bush y ahora su decisión de auto otorgarse poderes especiales en un escenario institucional nacional que controla a 100%, queda claro que el actual mandatario venezolano tiene un estilo muy personal y bastante ajeno a la tradición política habitual.

Volviendo a su última decisión de auto atribuirse poderes especiales, se señala que en medio de una serie de medidas económicas que se van a beneficiar de esta libertad de acción presidencial, se encuentra también la convocación del pueblo venezolano a un referéndum popular, orientado hacia una reforma constitucional y la posibilidad de reelección indefinida del Jefe de Estado. Estas dos últimas medidas son, en realidad, la clave para entender la lógica del actuar político actual de Hugo Chávez.

Efectivamente, al igual que varias otras personalidades políticas históricas pasadas, el Presidente Chávez logró cristalizar su poder en su propia imagen y no en la trayectoria histórica de algunas instituciones políticas precisas, concentradas en forma de gobierno: las decisiones políticas del actual régimen venezuelano son decisiones directamente asociadas - en el inconsciente colectivo nacional o internacional - a una persona precisa, imagen articulada en torno a un carácter, una fuerza y una manera de hablar específica. Por esto podemos decir que hoy, en Venezuela, no existe un Gobierno: existe solamente un Jefe de Gobierno.

Pero para alcanzar y sobre todo mantener este estilo político, se juegan dos condiciones principales, a las cuales el Presidente venezolano está actualmente trabajando. La primera releva la psicología política: este esquema político, basado sobre el culto de la personalidad, autoriza lógicamente una sola figura política – con el problema de sucesión política que esto implique. La finalidad de esta estrategia es destacar la distancia que separe la elite presidencial del resto político nacional. Esto impide e impedirá por mucho tiempo la emergencia de otra figura o corriente político avalado por una parte democráticamente crítica del pueblo venezuelano.

Esta forma de “hacer política” debe estar asociada a algunas características propias, que podemos detectar en el quehacer cotidiano del Presidente. Se trata por una parte de, al igual que construir la imagen del “bueno”, construir la imagen del “malo” hacia quien orientar sus dardos y las iras y odias populares. Este rol está claramente otorgado al Presidente Bush, el cual concentra en su currículo político reciente, suficiente materia dudosa como para cumplir en forma maravillosa esta función, además de ser una figura controversial en muchas sociedades del mundo.

Pero destacar lo malo del enemigo no es suficiente para consolidar su papel de bueno: ahí entran entonces las medidas políticas populistas del Presidente, de bajo costo pero fuerte impacto como el envío de ayuda a otros países, el recibir en consultorios locales en forma gratuita a enfermos extranjeros, el anuncio de medidas políticas supranacionales que tendrán dificultades para ser aceptadas por otros países por lo que implica su implementación, etc. De hecho, estas medidas pueden ser llamadas populistas porque su meta real no es su carácter útil técnicamente y racionalmente comprobado, es más bien el fortalecimiento de la imagen del Presidente en el inconsciente popular nacional.

La segunda condición necesaria para esta forma política es de orden más socio- económico y relacionado con el uso político de los decretos presidenciales. Esta vez, la lógica escondida es el tiempo.

Evo Morales, que no cuenta con esta situación tan políticamente favorable, lucha cada día en encontrar medidas que le otorguen resultados socioeconómicos suficientemente favorables como para mantener su apoyo popular, base demográfica de su poder político. Hugo Chávez está en una lógica similar, aunque mucho más confortable desde el punto de vista de la práctica política. No obstante, el Presidente también sabe que necesita contentar a sus seguidores si quiere lograr su objetivo de mantenerse en el poder. Por esto necesita enseñar a su pueblo que su política es eficiente y de rasgo social, dado que su poder proviene principalmente de bases sociales de escasos recursos. Así, dirigir por decreto le da dos ventajas: evitar debates públicos amplios sobre las consecuencias de sus decisiones (nacionalizaciones etc.) y tener rápidamente resultados a mostrar al pueblo venezuelano, reforzando así aún más su imagen y su poder.
En conclusión, podemos decir que si el Presidente Chávez logra seguir con este equilibrio entre apoyo popular y medidas populistas, podemos pensar en tener un “factor Chávez” en la región – con sus consecuencias políticas en varios países como Ecuador, Bolivia y Brasil - por muchos años más.

Alain Carrier
Doctor en Ciencias Políticas (Bruselas / Bélgica)
Secretario Ejecutivo
Dirección de Investigación y Relaciones Internacionales
Universidad Bernardo O’Higgins