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- Bolivia: Los desafíos de Morales


El término del año 2006 se volvió, aparentemente, complicado para la consolidación de la democracia en Bolivia. La cuestión de la “Constituyente”, o la posibilidad que quiere otorgarse Evo Morales de modificar la Constitución política del país mediante la mayoría simple encierra tal vez, como lo dicen sus detractores, algo más allá de una simple lucha interna entre corrientes políticas opuestas; un eje más directamente esencial para el desarrollo democrático de esta nación. El futuro lo dirá.

Pero, ¿cuál es el verdadero desafío de la lucha por la modificación de la Constitución de Bolivia?

La Constitución Política de una nación, la “Carta Magna”, no es un simple texto de Ley. Este documento concentra, en sus artículos, una visión social y cultural de desarrollo, específica al conjunto nacional que lo estableció, la que luego se traduce en mecanismos y procedimientos políticos particulares, culturalmente lógicos, que van a consagrar el Derecho como herramienta de convivencia social.


Cuando se dice que nadie está por arriba de la Ley, se entiende que la Ley y, particularmente la Constitución, está por arriba de los intereses individuales y partidarios, destacando el “interés común” a los habitantes de una nación como referente supremo del nudo cultural nacional; de esto se trata. De la traducción en términos legales de una idiosincrasia local, según el entendimiento filosófico de este término. Y esta idiosincrasia local, se da a entender como el conjunto de particularidades y rasgos de caracteres propios a un grupo, que representan lo que son como comunidad socialmente consciente, lo que define su ontología, que debe estar globalmente estable en el tiempo: la cultura de un país no cambia con cada gobierno. Por esto la casi totalidad de los países autoriza el cambio constitucional, por la importancia que representa este cambio, sólo a una mayoría de dos tercios o tres cuartos. En este contexto filosófico y legal se ubica la tentativa actual de Morales.

En el marco de un análisis político, la voluntad de Evo Morales -con su intento de bajar a un nivel de mayoría simple la posibilidad de modificar la Constitución del país que dirige- es clara: modificar los procedimientos políticos que permitirán a su partido, a las fuerzas sociales y políticos que representa, reorientar algunos intereses políticos, económicos y sociales hacia sus bases en el marco de una lectura sociopolítica propia, personal, del futuro boliviano.

Cabe recordar que Bolivia es un país con grandes desigualdades sociales y económicas que se construyeron a lo largo de los años, en beneficio de una minoría social cuyo actuar político, social y económico era bastante alejado de los principios de la igualdad y de la solidaridad. Consecuencia de esto, un 67.3% de la población de esta nación vive hoy por debajo de la línea de la pobreza en un país donde las reservas de hidrocarburos superan los 200.000 millones de dólares y donde el nivel de endeudamiento externo equivale al 56% del PIB. Esto ayuda a entender el contexto socioeconómico de la lucha actual por la Constituyente entre los actores políticos y económicos bolivianos.

¿Es entonces la modificación constitucional el verdadero desafío de la propuesta de Morales? El problema es, a la vez, de forma y de fondo. Una mirada anclada en la forma del problema permitiría destacar la voluntad del actual Presidente boliviano en dar un carácter legal y constitucional, a las modificaciones estructurales que quiere impulsar, con el fin de darles un sello de legitimidad política y social. Y llegar a esta legitimidad política implica reducir la dificultad de orden procedural que consta la Carta Magna boliviana, dado que Morales cuenta con la mayoría simple de los parlamentarios y no con el apoyo de dos tercios de ellos.

Una mirada anclada, ahora, en el fondo del problema podría fundarse en la obligación de Morales, probablemente asociada a una voluntad personal de llegar a resultados concretos de modificaciones políticas, económicas y sociales que favorecen sus propias bases de apoyo reforzando así, como lo hizo ya con la nacionalización de los hidrocarburos, el poder del Estado como ente impulsador de verdaderas políticas públicas de redistribución socioeconómica.

En este elemento se radica también, la fuente del futuro político de su proyecto y su estabilidad política a corto y mediano plazo.

Como muchas veces en la política, el debate no es blanco o negro pero se confunde en un conjunto de grises. El riesgo - proclamado - de partición del país puede ser un argumento de discurso político más que un riesgo verdadero por el actual gobierno, sabiendo el fuerte grado de división interna que marca la oposición política boliviana, y el apoyo actual de las fuerzas armadas al gobierno. En realidad, el verdadero riesgo para Morales se ubica tal vez, en el tiempo que pasa y en lograr resultados sociales y económicos efectivos, suficientes para tranquilizar a sus propios adherentes políticos.

Alain Carrier
Doctor en Ciencias Políticas (Bruselas / Bélgica)
Secretario Ejecutivo
Dirección de Investigación y Relaciones Internacionales
Universidad Bernardo O’Higgins